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Prometeo
Por Mario Sandoval
Menos riqueza, más discurso
Durante
años se sostuvo que bastaba con
combatir la corrupción, redistribuir
recursos y fortalecer al Estado para
impulsar el desarrollo económico.
Hoy los datos comienzan a mostrar
una realidad más compleja y menos
cómoda para el oficialismo.
La reciente caída de los ingresos
tributarios y, particularmente, el
desplome de casi 13% en la
recaudación del ISR no es
simplemente una mala cifra fiscal.
Es una señal de que la economía real
está perdiendo dinamismo.
Y cuando la economía pierde
dinamismo, tarde o temprano las
finanzas públicas también lo
resienten.
La recaudación no surge de los discursos.
La recaudación surge de la actividad económica.
Surge de empresas que invierten, producen y generan utilidades.
Surge de trabajadores que obtienen mejores ingresos.
Surge de emprendedores que crecen.
Surge de productores que venden más.
Cuando el ISR cae, el problema normalmente no está en el SAT.
El problema está en la economía.
El límite de la fiscalización
Durante varios años el gobierno
logró aumentar la recaudación sin
realizar una reforma fiscal formal.
La explicación fue sencilla:
mayor fiscalización;
digitalización;
combate a evasión;
presión sobre grandes
contribuyentes.
Pero ese modelo tiene límites.
Llega un momento en que ya no es
posible recaudar crecimiento
económico que no existe.
Y eso parece comenzar a reflejarse
en los números de 2026.
El círculo que empieza a cerrarse
La economía crece poco.
La inversión privada se desacelera.
La confianza empresarial disminuye.
La actividad formal pierde fuerza.
Entonces:
cae el ISR;
disminuye la recaudación;
aumenta la presión fiscal;
crece el déficit;
aumenta el endeudamiento.
Y el gobierno se ve obligado a
buscar recursos adicionales para
sostener compromisos crecientes.
La pregunta incómoda
¿Dónde está el origen del problema?
No es un solo factor.
Es una combinación de decisiones
acumuladas:
incertidumbre regulatoria;
debilitamiento institucional;
reforma judicial cuestionada;
centralización excesiva;
deterioro de Pemex;
problemas financieros de CFE;
inseguridad persistente;
bajo crecimiento de la
productividad.
La inversión no se decreta
El gobierno puede anunciar
diariamente:
soberanía;
transformación;
justicia social;
rescate del pueblo.
Pero la inversión privada nacional y
extranjera observa otra cosa:
seguridad jurídica;
Estado de derecho;
independencia judicial;
estabilidad regulatoria;
cumplimiento contractual.
Cuando percibe incertidumbre,
simplemente espera.
No necesariamente abandona el país.
Pero deja de invertir.
Y una inversión que se pospone
tampoco genera:
empleo;
ISR;
IVA;
consumo;
crecimiento.
La reforma judicial también tiene
consecuencias económicas
Durante meses se insistió en
presentar la reforma judicial como
un asunto exclusivamente político y
democrático con perfiles afines.
No lo es.
Los inversionistas observan:
tribunales;
ejecución de sentencias;
recuperación de garantías;
protección de la propiedad;
estabilidad institucional.
Y observan también:
una reforma judicial que ya requiere
una reforma correctiva;
una elección judicial ahora para el
año 2028;
un Tribunal de Disciplina del que
nadie sabe exactamente cómo opera,
pues hay hermetismo y silencio sobre
sus actividades de manera pública;
un Código Nacional de Procedimientos
Civiles y Familiares que sigue sin
consolidarse a nivel nacional;
ausencia de métricas obligatorias de
desempeño judicial;
ausencia de sanciones efectivas por
dilación.
La consecuencia es simple:
más incertidumbre.
El problema de fondo: producir
riqueza
Aquí aparece una diferencia
fundamental.
Un país puede distribuir riqueza.
Pero primero debe generarla.
Y eso exige:
inversión;
productividad;
innovación;
crédito;
energía competitiva;
instituciones funcionales.
Ningún país se desarrolló
repartiendo recursos sin aumentar
simultáneamente su capacidad
productiva.
Los programas sociales pueden
aliviar necesidades.
Pero no sustituyen:
inversión;
empleo formal;
crecimiento;
productividad.
El costo de oportunidad
México destina cada vez más recursos
a transferencias sociales.
La discusión no es si deben existir.
La discusión es si se está
descuidando simultáneamente:
infraestructura;
salud;
educación;
ciencia;
tecnología;
seguridad;
modernización judicial.
Porque cuando la recaudación se
desacelera, el presupuesto se vuelve
más rígido.
Y entonces aparece la pregunta que
nadie quiere responder:
¿qué se va a recortar cuando el
dinero ya no alcance para todo?
Pemex y CFE vuelven a aparecer
El problema fiscal tampoco puede
analizarse sin considerar:
las pérdidas recurrentes de Pemex;
las dificultades financieras de CFE;
la dependencia creciente de apoyo
gubernamental.
Pemex sigue absorbiendo recursos
públicos mientras enfrenta:
menor producción;
accidentes operativos;
alta deuda;
cambios frecuentes en su dirección.
Y la salida de su director general
tras poco más de un año refuerza la
percepción de improvisación y de
decisiones basadas más en cercanía
política que en resultados
verificables. El mismo Carlos Slim
en su conferencia anual señala el
gran problema que es Pemex.
¿Quién asume la responsabilidad?
Aquí aparece otro problema.
Cuando:
la reforma judicial requiere
correcciones;
la inversión se desacelera;
Pemex pierde dinero;
la recaudación cae;
el crecimiento es bajo;
la pregunta natural sería:
¿quién asume responsabilidad por los
errores?
La percepción creciente es que:
las decisiones se centralizan;
los costos se socializan;
pero las responsabilidades se
diluyen.
La justicia social también requiere
crecimiento
La verdadera justicia social no
consiste únicamente en transferir
recursos.
Consiste en construir un entorno
donde millones de personas puedan:
trabajar;
emprender;
invertir;
producir;
crecer.
La justicia social sostenible
necesita crecimiento económico.
Y el crecimiento económico necesita
confianza.
La riqueza no nace de los discursos
La narrativa política puede sostener
popularidad durante un tiempo.
Pero no sustituye:
productividad;
inversión;
instituciones;
Estado de derecho.
Y cuando esas variables comienzan a
deteriorarse, la recaudación termina
reflejando la misma realidad que
perciben empresarios, trabajadores y
consumidores.
México enfrenta un desafío mucho más
profundo que una caída temporal en
los ingresos tributarios.
Lo que comienza a observarse es el
agotamiento gradual de un modelo que
privilegia la redistribución sobre
la generación de riqueza.
Porque al final, ningún gobierno
puede distribuir indefinidamente lo
que una economía deja de producir.
La riqueza puede repartirse una vez.
El crecimiento debe generarse todos
los días.
Mario Sandoval
PROMETEO ( previsión/prospección) CEO FISAN SOFOM ENR Banquero a nivel Directivo con más de 30 años de experiencia de negocios. |