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Prometeo
Por Mario Sandoval
México: aranceles afuera,
incertidumbre adentro
Trump
presiona desde Washington; el bajo
crecimiento y nuestras propias
debilidades reducen el margen para
responder.
México enfrenta nuevamente una
realidad que durante años quisimos
considerar superada: nuestra
extraordinaria integración económica
con Estados Unidos es
simultáneamente nuestra mayor
ventaja y una de nuestras
principales vulnerabilidades.
La nueva ofensiva arancelaria
estadounidense lo confirma.
Estados Unidos mantiene
aranceles que alcanzan 50% sobre
acero y aluminio mexicanos, mientras
México intenta obtener mejores
condiciones para estos productos y
para el sector automotriz. Al mismo
tiempo, Washington decidió no
extender automáticamente el T-MEC
por otros 16 años, colocando a
Norteamérica en un proceso de
revisiones anuales mientras el
tratado permanece vigente.
México y Estados Unidos siguen
negociando.
Pero las reglas del juego
cambiaron.
Y Donald Trump entiende
perfectamente que un arancel no es
solamente un instrumento comercial.
También es una herramienta
política.
Una relación demasiado
importante para improvisar
México y Estados Unidos no son
simplemente vecinos.
Son economías profundamente
integradas.
Una pieza puede fabricarse
parcialmente en México, incorporar
acero estadounidense, componentes
asiáticos, regresar a Estados
Unidos, volver a México para otro
proceso y finalmente convertirse en
un automóvil, electrodoméstico,
equipo médico o maquinaria
terminada.
Por eso un arancel de 25% o 50%
no afecta exclusivamente al
exportador mexicano.
Altera cadenas completas de
producción.
Reduce márgenes.
Modifica costos.
Obliga a renegociar contratos.
Puede detener inversiones.
Y finalmente puede aumentar
precios para el propio consumidor
estadounidense.
Ésa es también nuestra
principal defensa.
Estados Unidos puede presionar
a México, pero tampoco le conviene
destruir cadenas productivas
construidas durante más de tres
décadas.
La pregunta es quién llega
mejor preparado a negociar.
El T-MEC ya no ofrece la misma
tranquilidad
Una planta industrial no se
construye pensando en doce meses.
Las inversiones se calculan a
diez, veinte o treinta años.
Se proyectan costos laborales.
Energía.
Logística.
Impuestos.
Reglas de origen.
Tipo de cambio.
Acceso al mercado.
Seguridad.
Y Estado de derecho.
Cuando las condiciones
comerciales pueden revisarse
anualmente, aparece una variable
particularmente incómoda:
incertidumbre.
El inversionista puede
administrar riesgo.
Lo que resulta mucho más
difícil es calcular reglas que
pueden cambiar durante la vida del
proyecto.
Entonces aumenta el rendimiento
exigido.
La inversión se reduce.
El proyecto se divide.
La decisión se pospone.
O simplemente se elige otra
ubicación.
Y nadie contabiliza la fábrica
que nunca se construyó.
México llega con una economía
creciendo poco
Aquí comienzan nuestros
problemas propios.
México no está negociando desde
una economía creciendo 4% o 5%.
Después de un crecimiento muy
bajo durante 2025, las perspectivas
para 2026 han mejorado, pero
continúan siendo insuficientes para
las necesidades del país.
La economía funciona.
Exportamos.
Producimos.
Consumimos.
Tenemos un sistema financiero
sólido.
Pero no crecemos
suficientemente.
Y ésa es una diferencia
fundamental.
Un país creciendo 4% tiene
mayor capacidad para absorber un
arancel, una crisis regional o una
caída temporal de inversión.
Una economía alrededor de 1%-2%
tiene mucho menos espacio.
Más de la mitad de los
trabajadores permanece en la
informalidad
A esto debemos agregar otro
problema estructural.
La informalidad laboral
continúa alrededor del 55% de la
población ocupada.
Más de la mitad.
Eso significa millones de
mexicanos trabajando sin la misma
seguridad social, acceso al crédito
institucional, ahorro para el retiro
y productividad de un empleo formal.
Podemos tener una tasa baja de
desempleo y simultáneamente una
economía laboral frágil.
Una persona que vende
informalmente para sobrevivir
aparece estadísticamente como
ocupada.
Eso no significa necesariamente
estabilidad económica.
Y tampoco genera la misma base
tributaria necesaria para financiar
salud, educación, infraestructura y
pensiones.
Trump conoce perfectamente
nuestras debilidades. Por eso
considero equivocado explicar todo
simplemente diciendo:
“Trump está atacando a México”.
Trump utiliza las
vulnerabilidades de sus
contrapartes.
México tiene varias.
Dependencia extraordinaria del
mercado estadounidense.
Bajo crecimiento.
Alta informalidad.
Infraestructura insuficiente.
Problemas energéticos.
Inseguridad.
Incertidumbre jurídica.
Y una relación bilateral donde
comercio, migración, fentanilo,
delincuencia organizada, inversión
china y reglas de origen terminaron
formando parte de una misma
negociación.
Washington puede mover una
pieza para obtener concesiones en
otra.
Ése es el tablero.
Y México necesita aprender a
jugarlo completo.
Y entonces aparece Sinaloa
En medio de esta negociación
ocurrió un episodio político difícil
de explicar.
Rubén Rocha Moya permaneció 112
días separado de la gubernatura de
Sinaloa mientras continuaban
investigaciones derivadas de graves
acusaciones formuladas desde Estados
Unidos, que él ha rechazado.
El 21 de agosto decidió
regresar.
No regresó respaldado
políticamente por todo su
movimiento.
Ocurrió prácticamente lo
contrario.
La Presidencia señaló que no
había sido consultada.
Morena marcó distancia.
Legisladores cuestionaron la
decisión.
Gobernadores del propio
movimiento se deslindaron.
La presidenta Claudia Sheinbaum
hizo pública una dura reflexión
sobre el ejercicio del poder y
sostuvo que los intereses personales
no deben colocarse por encima del
interés general.
Y aproximadamente un día
después de regresar, Rocha volvió a
solicitar licencia.
Esta vez por tiempo indefinido
y por más de 30 días.
Es una secuencia
extraordinaria.
¿Quién diseñó semejante
movimiento?
¿Quién aconsejó a Rocha
regresar después de 112 días?
¿Realmente decidió por sí mismo
recuperar la gubernatura enfrentando
simultáneamente a Presidencia,
Morena, legisladores y gobernadores
de su propio movimiento?
¿Para qué regresar si
aproximadamente un día después
volvería a separarse?
¿Hubo actores políticos que
consideraron conveniente su retorno
y posteriormente calcularon mal la
reacción?
¿Existieron conversaciones
previas con dirigentes del
movimiento?
Son preguntas legítimas.
Hoy podemos preguntar.
Para acusar necesitamos
pruebas.
El problema puede ser todavía
mayor
Supongamos que efectivamente
Rocha actuó completamente solo.
Entonces tenemos otra pregunta.
¿Cómo puede el gobernador de
una entidad estratégica, sometido a
semejante presión internacional,
regresar al cargo sin coordinación
política con el gobierno federal y
provocar en horas una crisis dentro
de su propio movimiento?
Si Presidencia conocía la
decisión, existe una explicación
pendiente.
Si no la conocía, existe un
problema de coordinación.
Y si otros actores políticos la
conocían mientras Presidencia no,
tenemos una interrogante todavía más
delicada:
¿dónde se toman realmente
determinadas decisiones dentro del
movimiento gobernante?
No conocemos todavía la
respuesta. Y seguro se dirá que
sigue la unidad y se hará defensa de
la soberanía y demás argumentos.
Pero el episodio difícilmente
puede considerarse normal.
Sinaloa es mucho más que
narcotráfico. El costo tampoco es
exclusivamente político.
Sinaloa es una potencia
agroalimentaria.
Agricultura.
Hortalizas.
Granos.
Ganadería.
Pesca.
Agroindustria.
Logística.
Exportaciones.
Miles de empresas necesitan
carreteras seguras, trabajadores,
compradores, aseguradoras,
financiamiento y autoridades capaces
de mantener condiciones normales de
operación.
Cuando una región enfrenta
violencia prolongada e incertidumbre
política, el costo aparece en todas
partes.
Seguridad privada.
Seguros.
Transporte.
Inventarios.
Horarios.
Rotación de personal.
Financiamiento.
Inversión.
Y eventualmente empleo.
La segunda licencia puede
reducir parte de la tensión política
inmediata.
Pero no resuelve el problema
estructural de Sinaloa. Estados
Unidos observa algo más que nuestros
aranceles
Aquí debemos entender cómo nos
ven desde afuera.
Un consejo de administración en
Texas, Nueva York, Toronto, Madrid,
Frankfurt o Tokio no analiza México
con las mismas divisiones que
utilizamos nosotros.
No separa perfectamente
política, seguridad y economía.
Evalúa riesgo.
Observa el T-MEC.
Observa seguridad.
Observa energía.
Observa tribunales.
Observa gobiernos estatales.
Observa cumplimiento de
contratos.
Y observa nuestra capacidad
para resolver crisis
institucionales.
Por eso el episodio de Rocha
trasciende Sinaloa.
Ocurre precisamente cuando
Estados Unidos está relacionando
cada vez más comercio con seguridad
nacional.
México no necesita regalar
argumentos adicionales.
El Poder Judicial tampoco puede
quedar fuera. A esto debemos agregar
la incertidumbre derivada de la
reforma judicial.
Los inversionistas necesitan
resultados.
¿Cuánto tarda un juicio
mercantil?
¿Cuánto cuesta ejecutar una
garantía?
¿Cuánto tarda recuperar
físicamente un inmueble?
¿Qué sucede frente a invasiones
y despojos?
¿Un empresario puede litigar
contra una autoridad en condiciones
razonablemente equilibradas?
¿Un inversionista extranjero
confiará en la autonomía del
juzgador?
Eso no es política partidista.
Es economía.
Una garantía que tarda cinco o
más años en recuperarse vale menos
que otra ejecutable en doce meses.
Un contrato difícil de hacer
cumplir exige mayor rendimiento.
Y una inversión sometida
simultáneamente a riesgo comercial,
político, de seguridad y judicial
puede terminar buscando otro
destino.
El sistema financiero también
debe entender el momento. Bancos,
SOFOMES y Fintech tampoco pueden
comportarse como si el entorno fuera
irrelevante.
Una economía creciendo poco,
elevada informalidad, incertidumbre
comercial y problemas regionales de
seguridad exigen mayor disciplina
crediticia.
Eso no significa cerrar el
crédito.
Significa prestar mejor.
Una SOFOM de Sinaloa no puede
evaluar a un productor agrícola
exclusivamente mediante estados
financieros y Buró de Crédito.
Debe conocer agua.
Cultivos.
Compradores.
Precios.
Exportaciones.
Rutas.
Seguridad.
Seguro.
Tipo de cambio.
Exposición comercial.
Y garantías.
Debe conocer el territorio.
Eso es verdadera banca
regional.
México tiene todavía una
oportunidad extraordinaria
No todo es negativo.
La confrontación comercial
estadounidense con otros países
también puede favorecer a México.
Tenemos algo que China,
Vietnam, India o Europa no pueden
reproducir.
Más de tres mil kilómetros de
frontera con la mayor economía del
mundo.
Tenemos además tres décadas de
integración productiva.
Carreteras.
Ferrocarriles.
Plantas.
Proveedores.
Personal capacitado.
Tratados.
Experiencia exportadora.
Si Estados Unidos eleva
barreras contra otros productores y
México conserva acceso preferencial
mediante el T-MEC, podemos ganar
participación de mercado.
Pero la geografía no garantiza
prosperidad.
Nuestra vulnerabilidad no se
llama Donald Trump.
Donald Trump representa una
presión externa.
Pero muchas de las herramientas
que utiliza funcionan porque México
conserva vulnerabilidades internas
que llevamos décadas sin resolver.
Trump no creó nuestra
informalidad.
No creó nuestro bajo
crecimiento.
No creó nuestra inseguridad.
No creó nuestra lentitud
judicial.
No creó nuestras deficiencias
de infraestructura.
Tampoco creó nuestra
extraordinaria dependencia comercial
de Estados Unidos.
Ésos son problemas mexicanos.
La verdadera negociación
México necesita llegar a las
siguientes rondas del T-MEC con algo
más que buenos argumentos
diplomáticos.
Necesita una economía más
fuerte.
Infraestructura.
Energía.
Seguridad.
Estado de derecho.
Crédito productivo.
Banca regional.
SOFOMES capaces de financiar
empresas.
Una estrategia industrial.
Y autoridades que generen
certidumbre.
Porque existe una enorme
diferencia entre negociar diciendo:
“No me castigues porque dependo
de ti”.
Y negociar diciendo:
“Nos necesitamos mutuamente
porque juntos somos más competitivos
frente al mundo”.
Ésa debería ser nuestra
posición.
México enfrenta simultáneamente
tres grandes riesgos.
Presión comercial externa.
Bajo crecimiento interno.
Debilidad institucional.
Ninguno por separado representa
necesariamente una crisis.
Juntos pueden convertirse en
una combinación peligrosa.
Los aranceles reducen márgenes.
La incertidumbre pospone
inversiones.
La inseguridad aumenta costos.
La debilidad judicial encarece
el crédito.
Y el bajo crecimiento disminuye
nuestra capacidad para absorber todo
lo anterior.
Las últimas horas en Sinaloa
son una pequeña demostración del
problema.
Un gobernador permanece 112
días separado.
Regresa.
Su propio movimiento se
deslinda.
La Presidencia cuestiona la
decisión.
Y aproximadamente un día
después solicita nuevamente licencia
indefinida.
Podemos discutir durante
semanas quién estuvo detrás.
Lo que no podemos discutir es
que esa secuencia no proyecta
certidumbre institucional.
México no controla lo que
Donald Trump decida mañana.
Pero sí puede controlar la
calidad de sus instituciones, su
seguridad, su infraestructura, su
Poder Judicial, su política
financiera y las condiciones que
ofrece a quien arriesga capital.
Porque quizá la mayor
vulnerabilidad de México frente a
Estados Unidos no sean los
aranceles.
Es llegar a negociar con una
economía que crece poco,
instituciones cuestionadas y
problemas internos que nosotros
mismos llevamos demasiado tiempo sin
resolver.
Mario Sandoval
CEO FISAN SOFOM ENR
Banquero y abogado
especializado en recuperación de
activos financieros, con más de 30
años de experiencia profesional a
nivel directivo.
Mario Sandoval
PROMETEO ( previsión/prospección) CEO FISAN SOFOM ENR Banquero a nivel Directivo con más de 30 años de experiencia de negocios. |