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Cuenta Corriente
Alicia Salgado
México es el
mercado digital más caro de la región
Es
mejor uno que ninguno, pero pareciera que,
ante la sobrerregulación, laboral y fiscal,
las plataformas digitales de reparto y
conducción comienzan a tener menos empleos
formales o negocios afiliados que los
potencialmente formalizables. Vea el caso del
trabajo. El registro de incorporaciones
promedio a la seguridad social de los
trabajadores de plataformas de contacto (en
su gran mayoría repartidores de Rappi y Uber),
cumplió el pasado 1 de julio un año de
implementación de la reforma aprobada el 25
de diciembre de 2024. La Secretaría del
Trabajo, que encabeza Marath Bolaños,
estimaba que podrían incorporarse 658 mil
trabajadores, una vez que se conocieron las
aproximaciones del programa piloto que
estuvo vigente seis meses y que permitió el
ajuste de la operación del programa. Con datos del
registro patronal del IMSS de trabajadores
de plataformas afiliados: se incorporaron un
millón 660 mil trabajadores en promedio en
el lapso comprendido entre el 1 de julio de
2025 y el 30 de junio de 2026, y todos ellos
tienen cubierto el seguro de riesgo por
accidentes de trabajo, sin excepción. Ahora, el promedio
de trabajadores que alcanzó el umbral de
ingresos para recibir los cinco seguros del
IMSS, cotización de Infonavit y reparto de
utilidades fue 163 mil 773, una cuarta parte
de la estimación oficial. ¿Realidad? La
respuesta es sí, es un promedio
relativamente estable desde el inicio del
piloto en 2024, pues no ha aumentado de
forma significativa, salvo en diciembre de
2025 que registraron 206 mil y en junio
pasado (súper Mundial 26) que tuvo 237 mil. Lo que los datos del
IMSS sí muestran es que el empleo formal
total en los dos últimos años ha crecido en
alrededor de 300 mil trabajos anuales, y esa
cifra incluye plataformas digitales, y la
gran mayoría de los registros incorporados
son de Rappi, Didi y Uber. El punto es que
ahora la desconexión no sólo es con
repartidores (que probablemente se salen
para reducir el pago de impuestos), sino en
comercios, pues desde que se incluyó la
obligación de retención de IVA e ISR a
personas morales y aumento de la retención a
personas físicas en la propuesta fiscal del
2026, la desconexión de plataformas o
canales digitales se vuelve en la
alternativa para evitar que les afecte sobre
su flujo de caja y liquidez. No hay un número
exacto de desconexiones confirmado, pero es
algo que está sucediendo, y a eso sume que
Uber perdió el litigio contra la CDMX ante
la SCJN en diciembre, el gravamen de 2% por
el uso de la vía pública comienza a verse
como alternativa para elevar la recaudación
local (Aguascalientes, para variar, se puso
al frente) y dado que ese costo se prorratea
entre repartidores y comercios, el costo lo
pagan todos. Es un sobreimpuesto. ¿Más costos
fiscales? Mire, sume la obligación de
reporte de transacciones al SAT, también
forzoso desde enero, que exige a las
plataformas la entrega de información de
transacciones prácticamente en tiempo real. Se negoció al final
un plazo de 24 horas, y aunque el SAT
reconoció en las pláticas que la medida
estaba pensada para paqueteras y empresas
sin presencia formal en México (como se
llevaron al baile a plataformas que llevan
más de 10 años constituidas en el país). Y así, en la
comparación internacional, ya sea de nueve
países o entre 70 naciones de cinco
continentes, la combinación de reforma
laboral, más nuevas retenciones, más
impuesto de vía pública, más reporte de
transacciones, la operación del delivery por
plataformas en México es 50% más caro que en
Brasil, Chile, Argentina, EU, Francia o
Colombia. Por los datos revisados, los
ingresos promedio de los repartidores
superan en casi 30% por hora al
salario mínimo, sin jefe ni límite de
jornada. Ese diferencial es el principal
incentivo para conectarse; si la carga
fiscal lo erosiona, el modelo pierde
atractivo. Un dato que va en
contra de la narrativa de desconexión. A
pesar de la desaceleración del consumo en
México, el delivery no ha caído en la misma
proporción que el consumo interno porque el
canal permite a los consumidores controlar
su gasto frente a acudir a restaurantes. El
comensal migra al canal digital, aunque
gaste menos en total. Eso amortigua la caída
en las plataformas, aunque no resuelve el
problema estructural de costos.
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| (La columna Cuenta Corriente se publica de lunes a viernes en el periódico Excélsior. Se reproduce con la autorización de la autora). |