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Cuenta Corriente
Alicia Salgado
El siguiente
paso comienza en casa
Incentivar
la capacidad de los inversionistas
institucionales de colocar una mayor parte
del capital que administran pasa por
revisitar la cantidad de vehículos
especializados que ofrece el mercado
bursátil mexicano. La cuantía de
recursos permitiría suponer que existe
capacidad de inversión, pero o faltan
vehículos o hay que revistar legal y
regulatoriamente los existentes para que
existan plataformas con capital privado que
coinviertan con los inversionistas
institucionales, lo mismo en pequeñas
empresas que en grandes proyectos de
infraestructura públicos. Y a estos últimos
les falta, como a las empresas públicas del
Estado, transitar a un régimen de gobierno y
direccion profesional (como Petrobras o
Aramco), para que los mercados tengan
confianza de invertir capital y deuda en el
largo plazo. De acuerdo con
cifras del Banco de México, las 132 emisoras
listadas tienen un valor de mercado conjunto
equivalente a 11 billones de pesos, lo que
refleja un problema estructural: alta
concentración en todo, hasta en la
recaudación, porque 0.2% de las empresas
aportan 52% del total recaudado. En México hay
instrumentos especializados: 11 fibras, un
fideicomiso hipotecario, 10 fibras E, 78
CKD, 36 Cerpis (estos dos últimos vehículos
fueron diseñados para fondear o proveer de
capital privado a largo plazo a proyectos de
inversión) y 10 CBF o notas estructuradas. El valor de mercado
de las emisiones accionarias supera los 11
billones de pesos, más que los 9 billones de
pesos administrados por las afores, que
representan 25% del PIB. Los inversionistas
institucionales, además de las afores, son
fondos de inversión que administran cerca de
5 billones de pesos, compañías de seguros y
fianzas con 2.6 billones de pesos y bancos
comerciales que administran en promedio 9
billones de pesos en captación directa, más
1.4 billones invertidos en deuda
gubernamental. En México, el
principal emisor que aprovecha el ahorro
privado del sistema es el gobierno, con 54%
del total, lo que le ha permitido reducir a
menos de 15% la necesidad de
refinanciamiento en mercados externos, pero
es, por decirlo, el factor más importante
para explicar la falta de movilización del
ahorro al mercado privado. El otro factor
tiene que ver con la falta de estímulos
formales para ir a los mercados, comenzando
por la necesidad de revelar información de
sus operaciones y participantes accionarios. En el Mexico
Investment Week de la semana pasada,
organizado por BIVA, que liderea María Ariza,
y Amexcap, que dirige Véronique Billia, Raúl
Martínez Ostos, CEO de Barcklays,
comentaba que en los últimos 25 años el
mercado se ha sofisticado por la
coexistencia de inversionistas
institucionales locales e internacionales y
su participación en proyectos de
infraestructura, en los IPO como el de
Aeromexico y el follow on de Vesta, listados
exitosos en México y Estados Unidos, lo
mismo de acciones que de deuda, y la clave
del éxito es la utilización de “cajones
alternativos” de deuda para fortalecer
la inversión en nuevos asset classes, porque
muchos institucionales externos, como Apollo
Asset Management, CDPQ, Schroders, BlackRock,
Amundi, Alom, por citar algunos, están
“viendo a México con un nuevo lente, y
algunos incluso han coinvertido con afores a
través de una plataforam de capital privado. En este sentido,
María Ariza coincide en que la regulación ha
evolucionado y se preparan los vehículos
para emisiones simplificadas, pero aún falta
que las afores pudieran ser más activas para
invertir en el tipo de asset classes como lo
hacen los internacionales. Una propuesta
novedosa fue la de Heleodoro Ruiz, director
de Mercados de Renta Fija de Afirme
Investment Bank, porque considera que
pudiera empaquetarse en un vehículo de
inversión el portafolio de empresas pyme con
historiales de pago puntual y antigüedad de
al menos 10 años, en una plataforma en la
que el emisor mantenga la administración de
crédito y cobranza de las carteras y los
institucionales pudieran invertir en ellos. Si a eso se suman
las primeras pérdidas de Nafin, la calidad
del activo sería más que invertible en los
términos de la regulación de afores
existente y, a la vez, permitiría a los
bancos intermedios colocar los créditos en
el mercado, liberar capital y reducir la
tasa a pymes.
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| (La columna Cuenta Corriente se publica de lunes a viernes en el periódico Excélsior. Se reproduce con la autorización de la autora). |