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Tengo Otros Datos
Eduardo Esquivel Ancona
Saneamiento
del Río Lerma: gobierno, ciencia y comunidad
buscan rescatar una cuenca estratégica
El rescate del Río Lerma enfrenta un desafío
ambiental y económico de grandes
dimensiones. La estrategia impulsada por el
gobierno de Claudia Sheinbaum articula a los
tres niveles de gobierno con investigadores
de la UAM y comunidades productivas, en
busca de reducir la contaminación sin
destruir las fuentes de empleo que dependen
de la cuenca.
El saneamiento del
Río Lerma se ha convertido en uno de los
proyectos ambientales de mayor relevancia
para el gobierno de la presidenta Claudia
Sheinbaum Pardo. Sin embargo, recuperar esta
cuenca exige mucho más que limpiar el cauce:
implica corregir décadas de descargas
contaminantes, modernizar infraestructura
hidráulica, incorporar tecnología y lograr
que las actividades económicas asentadas en
la región sean compatibles con la protección
del medio ambiente. El reto es
particularmente complejo porque la
contaminación tiene múltiples orígenes. A
las descargas de aguas residuales
municipales se suman vertidos industriales,
residuos sólidos, azolve y una
infraestructura de tratamiento que en
diversos puntos opera de manera insuficiente
o permanece fuera de servicio. El Río Lerma nace en
las Ciénegas de Lerma, en el Estado de
México, y recorre aproximadamente 708
kilómetros a través de una de las zonas
económicas y productivas más importantes del
país. Su recuperación, por ello, tiene una
dimensión que trasciende lo ambiental:
representa una oportunidad para proteger
actividades agrícolas, industriales y
comerciales, además de mejorar las
condiciones de vida de las comunidades
asentadas en su cuenca. Un problema
ambiental con costos económicos La contaminación del
Lerma también debe analizarse como un
problema económico. Cuando una cuenca se
deteriora, aumentan los costos de
potabilización y tratamiento del agua,
disminuye la disponibilidad del recurso para
actividades productivas y se deterioran las
condiciones para la agricultura. A ello se
agregan los costos sanitarios y ambientales
derivados de la exposición de las
comunidades a cuerpos de agua contaminados. Por esa razón, la
recuperación del río puede entenderse como
una inversión pública de largo plazo y no
únicamente como un gasto ambiental. El saneamiento
requiere atender simultáneamente cuatro
grandes frentes: las aguas residuales
municipales, las descargas industriales, la
acumulación de residuos y azolve, y la
modernización de las plantas de tratamiento. Uno de los
principales obstáculos es precisamente la
infraestructura. No basta con construir
plantas: éstas deben contar con tecnología
adecuada, mantenimiento permanente y, sobre
todo, un esquema financiero que permita a
los municipios mantenerlas funcionando. El desafío de la
industria textil En la parte alta de
la cuenca, particularmente en municipios
como Santa Cruz Atizapán y Almoloya del Río,
la actividad textil representa uno de los
ejemplos más claros de la tensión entre
desarrollo económico y protección ambiental. El teñido y lavado
de prendas requiere importantes volúmenes de
agua y puede generar descargas con
colorantes, anilinas y otros compuestos
químicos. Cuando estas aguas no reciben un
tratamiento adecuado, terminan
incorporándose a los sistemas hídricos de la
región. El problema es que
la solución no puede reducirse a cerrar
talleres. Las pequeñas
empresas textiles constituyen una fuente de
ingresos para numerosas familias de la zona.
Una política ambiental que ignore esta
realidad podría generar un problema social y
económico adicional. La alternativa, por
tanto, pasa por reconvertir los procesos productivos,
reducir el consumo de agua, mejorar la
maquinaria e incorporar sistemas de
tratamiento que sean financieramente viables
para pequeñas unidades económicas. Ahí es donde la
ciencia puede convertirse en una herramienta
de política pública. La UAM apuesta
por soluciones de bajo costo Investigadores de la
Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad
Lerma, trabajan en alternativas de
biofiltración que buscan reducir la carga
contaminante generada por las actividades
textiles. Uno de los proyectos
consiste en utilizar residuos agrícolas,
como el rastrojo de maíz, incorporándoles
hongos capaces de actuar sobre los
colorantes empleados en los procesos
textiles y disminuir el color verdadero de
los afluentes antes de que éstos lleguen al
sistema hídrico. La propuesta tiene
una ventaja económica importante: aprovechar
residuos agrícolas disponibles en la propia
región para desarrollar sistemas de
tratamiento accesibles y relativamente
sencillos de implementar. La lógica es
convertir un residuo en un insumo para la
recuperación ambiental. Los investigadores
también trabajan con microorganismos capaces
de participar en la biotransformación de
distintos contaminantes, incluidos
hidrocarburos, pesticidas, agroquímicos y
determinados metales pesados. El objetivo final es
desarrollar herramientas de remediación que
puedan aplicarse progresivamente en la
cuenca. Algunas lavanderías
ya cuentan con sistemas piloto, lo que abre
la posibilidad de pasar de la investigación
de laboratorio a soluciones aplicables
directamente en las unidades productivas. Santa Cruz
Atizapán, un caso emblemático Santa Cruz Atizapán
representa uno de los puntos donde convergen
los problemas ambientales y económicos del
Lerma. La actividad textil
forma parte de la economía local, pero sus
procesos también generan una presión sobre
los recursos hídricos. Por ello, la
comunidad enfrenta el desafío de conservar
empleos y, al mismo tiempo, disminuir el
impacto ambiental de la actividad
productiva. La incorporación de
maquinaria que utiliza menos agua y la
adopción de sistemas de filtración
representan pasos hacia una producción más
eficiente. En términos
económicos, gastar menos agua también
significa utilizar de manera más eficiente
un insumo fundamental para la industria. La
transición ambiental, bien diseñada, puede
convertirse así en una estrategia de
competitividad para los pequeños
productores. Plantas de
tratamiento: el otro gran pendiente El saneamiento del
Lerma tampoco podrá consolidarse mientras
las plantas de tratamiento existentes
permanezcan fuera de operación o resulten
demasiado costosas para los municipios. En Santa Cruz
Atizapán existe una planta de tratamiento
que lleva años sin funcionar, de acuerdo con
información local, debido a problemas
relacionados con el suministro eléctrico y
el pago del servicio. El caso revela un
problema estructural: construir
infraestructura no garantiza su operación. La nueva etapa del
saneamiento debe contemplar plantas con
menores requerimientos energéticos, costos
operativos sostenibles y esquemas
financieros que permitan a los gobiernos
municipales mantenerlas activas durante
años. En otras palabras,
el desafío no consiste solamente en invertir en
infraestructura, sino en
diseñar infraestructura que pueda pagarse,
mantenerse y operar de manera permanente. Recuperar el río
también significa recuperar productividad Otro de los
problemas que deberá atenderse es la
proliferación del lirio acuático, además del
retiro de residuos y azolve que afectan el
flujo natural del agua. La recuperación
integral de la cuenca puede generar
beneficios económicos indirectos: mayor
disponibilidad de agua para actividades
productivas, mejores condiciones para la
agricultura, reducción de riesgos sanitarios
y recuperación de ecosistemas que durante
décadas han sufrido deterioro. Por ello, el
saneamiento del Lerma puede convertirse en
un proyecto de infraestructura ambiental con
efectos multiplicadores sobre la economía
regional. Más de 20 mil
millones de pesos para recuperar ríos El gobierno federal
ha planteado una inversión histórica
superior a los 20
mil millones de pesos durante el sexenio para
impulsar el rescate de los ríos Atoyac,
Lerma-Santiago y Tula. La magnitud de los
recursos refleja que el saneamiento de los
cuerpos de agua comienza a ser considerado
como una política estratégica de
infraestructura y no únicamente como una
acción de protección ambiental. Pero el éxito
dependerá de la coordinación. El gobierno federal,
el Estado de México, los municipios, las
instituciones académicas, los empresarios y
las comunidades tendrán que actuar sobre un
mismo objetivo: recuperar el agua sin
destruir las actividades económicas que
dependen de ella. El caso de Santa
Cruz Atizapán muestra que esa conciliación
es posible. Los pequeños talleres textiles
pueden reducir su consumo de agua y adoptar
nuevas tecnologías; los científicos pueden
desarrollar soluciones de bajo costo; los
municipios pueden modernizar sus sistemas de
tratamiento y los gobiernos federal y
estatal pueden aportar recursos y
coordinación. El saneamiento del
Lerma, en consecuencia, no debe medirse
únicamente por los kilómetros de río
limpiados. Su verdadero éxito estará en
conseguir que la
recuperación ambiental sea compatible con el
empleo, la producción y el bienestar de las
comunidades. La apuesta es
transformar una de las cuencas más
contaminadas del centro del país en un
activo ambiental y económico para las
próximas generaciones. La columna Tengo Otros Datos se publica en los portales Domo de Cristal y Ekonosphera. Se reproduce con la autorización del autor). |