Por la Espiral

 

Por Claudia Luna Palencia

Polos calientes

 

 

La semana pasada, la NASA dio a conocer una noticia funesta: el desprendimiento en la Antártida del iceberg A68, una auténtica mole de hielo suelta en el mar, y navegando desde hace días.

 

         Es tan colosal, con 5 mil 800 kilómetros cuadrados, que es dos veces el tamaño de Hawái; esta “isla de hielo” ejemplifica la cúspide del máximo fracaso del ser humano contra el cambio climático… uno del que reniega el mismísimo presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

 

         ¿Cómo se le pide al capitalismo que pierda dinero en nombre de salvaguardar la vida humana? ¿Cómo se le exige la máxima ética posible al capitalismo en un rubro delicadísimo como el de la emisión de contaminantes si desde su origen mismo ya nació contaminando per se?

 

         ¿Volvemos a las cavernas? Esto es la pescadilla que se muerde la cola: podríamos hacer una fábula sin final feliz, no hay forma fehaciente de revertir décadas, más de un siglo de emisiones contaminantes en el aire y en las aguas.

 

         Por más que nos esforcemos, el cambio climático nos lleva la delantera, lleva la de ganar y lo saben muy bien  las personas –los investigadores y asesores de primer nivel de los organismos internacionales-, que sin embargo, pretenden proporcionar un hálito de esperanza para evitar el pánico masivo en la población civil.

 

         Hay además una extinción de especies tanto de la flora como de la fauna, de acuerdo con la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) para el año 2050 habrán desaparecido de la Tierra cerca de 25 mil plantas y animales.

 

         Nuestros nietos y bisnietos aprenderán en los libros de ciencias naturales qué era un rinoceronte o una vaquita marina; muy posiblemente acontecerá lo  mismo con los  gorilas.

 

         El ecosistema terminará siendo otro totalmente diferente al finalizar el siglo XXI y desde luego que tendrá consecuencias en los seres humanos porque existe una interrelación evidente como organismos vivos  e igualmente por su rol en la cadena alimenticia.

 

         Y mientras Alemania y Francia intentan sus respectivos líderes políticos convertirse en la punta de lanza del Acuerdo del Clima (COP21), en Estados Unidos, el empresario y presidente Trump, decide irse sin más caretas y continuar apostando porque gire la rueca de la economía.

 

         Realmente, ¿qué se necesita para contaminar menos? Mi respuesta como economista es producir menos, consumir menos y utilizar menos materias primas. Pero menos, en un sistema productivo como lo es el capitalismo implica perder y ello se traduce en menos empleos, lo que implica más pobreza. Es la pescadilla…

 

A COLACIÓN

 

         Tendría que ser una acción sistemática, coordinada, de auténtica y generosa cooperación, pero primordialmente formada por políticas transversales y que ningún actor económico ni social quedase fuera; sin trumps que lo boicoteasen.

 

         Empero, igualmente sería necesario que todos estuviésemos al unísono conscientes de la imperiosa necesidad de reducir nuestra huella ecológica, actuar en sentido de corresponsabilidad y de real interacción con nuestro entorno.

 

         Se requeriría que no hubiese sociedades tan desiguales con tantas inequidades y enormes brechas sociales y económicas, y he aquí lo utópico de combatir (o mitigar) el cambio climático. ¿Cómo se le pide a una familia pobre que no tale los árboles de los bosques de los que obtiene su sustento para apenas sobrevivir? ¿Cómo se le pide a un analfabeto que no caliente su casa improvisada con carbón? ¿Cómo se le enseña a un desprotegido de la sierra de Oaxaca que no mezcle la basura que arroja sino que la separe para no contaminar más su entorno?

 

         Es bastante complejo, es una lucha titánica, y cada año es más caliente la temperatura global. Según el Informe Stern se requiere una inversión equivalente al 1% del PIB mundial para mitigar los efectos del cambio climático porque si no, advierte, habrá una gran recesión no muy lejana.

 

         En tanto, el Health and Environment International Trust de Nueva Zelanda, refiere que 43 economías emergentes padecerán el costo de la ola de calor en sus actividades productivas, lo que para 2030 generaría hasta 2 billones de dólares en pérdidas en la economía mundial.

 

 

 

*Directora de conexionhispanoamerica.com economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales

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